Las Lenguas de Signos, tal y como las define la LEY 27/2007, de 23 de octubre, por la que se reconocen las lenguas de signos españolas y se regulan los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas, “son las lenguas o sistemas lingüísticos de carácter visual, espacial, gestual y manual en cuya conformación intervienen factores históricos, culturales, lingüísticos y sociales, utilizadas tradicionalmente como lenguas por las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas signantes en España”.
Algunas de las características más relevantes de las lenguas de signos son:
Hay un grupo numeroso de personas sordociegas que utilizan la lengua de signos como sistema de comunicación habitual. Cuando su vista se deteriora o la pierden, se ven obligados a realizar adaptaciones en su manera de recibir los signos. Por ellos hay distintas modalidades de ejecución de la lengua de signos:
Incluye cualquier modalidad de lengua de signos que pueda ser captada a través del canal visual por la persona sordociega (que aún conserva restos de visión funcionalmente útiles), pero con determinadas adaptaciones según la situación visual de cada persona.
La persona sordociega conserva la visión central pero tiene una pérdida del campo de visión periférico, por lo que necesita una serie de adaptaciones:
La persona sordociega sufre un deterioro o pérdida de su agudeza visual, por lo que necesita una serie de adaptaciones:
El campo visual de la persona sordociega está ya muy reducido, aunque conserva aún la suficiente agudeza visual como para seguir pericibiendo la lengua de signos por el canal visual.
Para percibir la lengua de signos, la persona sordociega:
De esta forma, la persona sordociega sigue recibiendo la información
visualmente, con un ligero soporte táctil.
Aún así, deben tenerse en cuenta algunos factores que podrían facilitar
la recepción del mensaje: la velocidad, la amplitud de los signos y la
iluminación.
La persona sordociega ha perdido completamente su visión o no le resulta útil funcionalmente; por ello apoya una de sus manos o las dos sobre las manos de su interlocutor, de forma que percibe táctilmente la configuración de las manos, su ubicación y sus movimientos.
Vídeo: Lengua de signos táctil